23/4/18

Nueva lectura conjunta del club.

Se hizo una lista, se expuso, se votó y salió una lectura ganadora.
Yo decidí no votar, para mi Marisa es una lectura segura (la tengo comprada en preventa), y no quería influir en nada, pero ha salido su historia y me muero de ganas de empezarla. No sé ni como voy a esperar hasta el día 6.



Os dejo la sinopsis y os invito a leerla, estoy casi segura de que tiene que ser una gran historia.
Todas las de Marisa lo son.

SINOPSIS:
Mathieu Girard es agente de los Grupos de Intervención de la Gendarmería Nacional, una unidad de élite francesa. Le gusta su trabajo y siente cierta atracción por el riesgo, que se empeña en negar y le causa problemas a la hora de mantener relaciones estables.
Es responsable y reflexivo y su situación afectiva no es su prioridad. En París y en estado de máxima alerta ante la amenaza de ataques terroristas, Mathieu deberá vigilar de cerca a Dmitry Zaitsev, un empresario ruso involucrado en negocios turbios que asegura que puede evitar que una letal partida de armas llegue a manos de los extremistas. Y también conocerá a Nadina.
Todas las señales le advierten de que no debe acercarse a ella, pero, cuando amas el peligro, eso no debería importar.

7/3/18

Publicidad encubierta en redes sociales.

Movida por algunos comentarios en las redes, hace pocos días propuse una pequeña encuesta en mi perfil de Facebook a modo de experimento. Quería saber hasta qué punto somos conscientes de lo que nos machaca a diario la publicidad y de si estamos conformes con ello.
El texto decía así:

Creo que estamos de acuerdo en que cuando un blog recibe un libro de una editorial no es un regalo. Es un: Yo te cedo el libro a cambio de presencia en las redes.
Y lo queramos o no, eso es publicidad encubierta.
Lectoras del mundo, ¿os gustaría que al inicio de una entrada en un blog, de un «unboxing» o de una foto de un estudiado bodegón... pusiera clarito que se trata de PUBLICIDAD.
Debajo del título, para que se vea bien.

No obtuve comentarios, salvo uno en el que se matizó el tema de las reseñas, pero cuando escribí el post, realmente me refería a eso. Quiero aclarar aquí que cualquier presencia en las redes: fotos, artículos, críticas, comentarios... que partan de un «regalo» —o para decirlo más claro, de un patrocinio por parte de una editorial o autor/editor— estarían dentro de mi enunciado.

Las respuestas eran básicas: 
  1. Sí, con ello descarto los anuncios. 
  2. Me da igual.
La participación no fue masiva, mi cuenta no tiene una gran repercusión, pero el resultado si es bastante significativo, al menos para mí. Todo el mundo coincidió en que querían la leyenda aclaratoria de que era un reclamo publicitario.
Sí, los consumidores (lectores en este caso) parece que lo tenemos claro. Lo malo es que el resto no. La triste realidad es que muchas veces quienes se promocionan, ni siquiera se dan cuenta. 

La curiosidad me puede y he buceado en las redes para ver cómo está el marco legal en todo esto. 

El primer artículo que encontré fue: ¿Quién vigila la publicidad encubierta que hacen la blogueras?, escrito por Margalida Vidal en el diario digital El español. (Al final tenéis enlaces de todo por el tema si os interesa).

La frase de inicio es muy clara: «Hacer publicidad sin avisar que se trata de publicidad puede ser delito».  
La articulista nos explica que la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) es quien se encarga de vigilar y controlar estos casos en los «medios convencionales». No es que Internet sea un lugar donde vale todo, al parecer está regulado, pero no parece haber ningún organismo que vele por ello. 

Otro artículo de título: La publicidad encubierta de las blogueras es delito en Estados Unidos, publicado por Beatriz Barral en 2016, en el periódico El País, nos avisa de que: «La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos asegura que la publicidad encubierta que hacen las blogueras es un delito si no avisan en sus publicaciones que están promocionando un producto». «Las reglas de la FTC dicen que los blogueros tienen que dejar claro que están siendo compensados (con dinero, productos gratis u otras ventajas) al apoyar o promocionar un producto» y han de hacerlo con las etiquetas #sponsored (patrocinado) o #ad (anuncio).

¿Qué sucede en España?
Un artículo de Prnoticias, de título: España, un paraíso legal para la publicidad encubierta de ‘influencers’, nos pone sobre la pista. «El celo de los reguladores en países como EEUU o Reino Unido a la hora de prohibir a estos influencers por difundir mensajes publicitarios sin advertir de su naturaleza, contrasta con la escasa sensibilidad con la que el tema se aborda en España».

¿Quiénes se benefician?
Otro artículo de El Confidencial, este más reciente, nos habla de las malas prácticas de algunos para colarte publicidad en sus publicaciones: Así se saltan la ley los famosos para venderte cosas en Internet sin que te enteres. Con semejante título creo que no hace falta que os aclare de qué va; todos lo hemos visto alguna vez.  Lo que sí es una novedad es que la red Instagram parece estar preparando algo (la creación de una advertencia) para que los famosos o influencers lo pongan en aquellas publicaciones dónde estén promocionando algún producto. 

Después de leer todo esto me pregunto qué sucede en nuestro país. ¿Por qué todavía no hay ningún organismo que controle este asunto.  La Ley General de Publicidad como la Ley de Competencia Desleal consideran ilícita por engañosa a la publicidad encubierta. ¿Por qué no se ponen los medios para eliminar estas prácticas? 

Es cierto que lo que yo denuncio aquí (la falta de claridad entre lo que es publicidad y lo que no lo es en mi pequeño mundo literario), no genera millones de beneficios. No es relevante (triste, aunque cierto). Pero creo que la transparencia y el buen hacer sí lo es y, cómo consumidores (sufridos lectores), deberíamos de exigir que se aclarase cuando una reseña, una crítica o una bonita foto, no es una recomendación del todo sincera, sino el resultado de una publicidad barata y manipulable.

En ese sentido me parece importante, ya que los blogueros, instagramers o influencers afectados no harán nada a menos que lo exija la ley, que quienes no ganamos nada ni lo hacemos por promocionar a nadie, sino por amor a los libros, nos desmarquemos y que digamos clarito que nuestra opinión no viene condicionada por nada.

¿Qué, te animas?



Enlaces de los artículos citados: 



2/3/18

¿Por qué no he seguido leyendo?

Tengo una sección de libros abandonados, que está a su vez abandonada también. Y es que siempre da reparo, al menos a mi, dejar un libro a mitad o darle una hora de lectura y pensar que no era lo que esperabas.
Desde la primera (y única) lectura que apunté, han sido muchos los rechazos, pero, unas veces por olvido, otras porque mis motivos eran personales, no he hecho pública mi renuncia. Y abandonar es lícito y nunca se debe de traducir en que la novela no es de calidad, que ya os veo a punto de saltarme a la yugular si alguno de mis abandonados son vuestras lecturas preferidas, muchas veces, simplemente es que no era el momento adecuado, por eso mi sección se llama: "No eres tú, soy yo".

Quiero retomarla y hacerlo desde el más sincero respeto que me dan los libros, explicándome y ciñéndome a mis motivos, que son eso, únicamente míos.

Voy a contaros un par, en realidad los dos últimos.

El pasado septiembre se propuso en el club de lectura al que pertenezco la novela Cuando tú llegaste / Pasajes al corazón, de Judith McNaught. Y la cosa ya empezó mal cuando lo compré (Pasajes al corazón). Cuando llevaba poco leyendo, por un comentario de otra persona, me di cuenta de que meses antes había encontrado de segunda mano el otro título (Cuando tú llegaste) y que estaba pendiente de lectura en mi estantería.


Mal asunto. Te sientes engañado. Un mismo libro, dos títulos, dos portadas. La relación no empezaba con buen pie. Aun así me dije, no importa, es el libro del club, hay que leer, pero, además de pasar varios días atascada en la página 32, cosas de la narración que no me llamaba a continuar (me aburría soberanamente) solo conseguí llegar al capítulo diez y os cuento por qué.

[Spoilers, sin entrar mucho en detalles]
La protagonista va en un barco en compañía de otra persona y se queda ensimismada en sus recuerdos... treinta y dos páginas. Pregunta: ¿De verdad era necesario contarlo TODO ahí? (Yo soy su acompañante y cuando vuelve del pasmo me he ido de cervezas).
Conseguí salvar el escollo, pero mi moral estaba con el vaso a rebosar. La gota que lo colmó fue el inicio del capítulo 10. 
La protagonista está en cama, ÉL vela su sueño y... mejor os pongo un pequeño extracto:

"Su prometido estaba sentado en un sillón junto a la cama, profundamente dormido y todavía le sujetaba la mano"... "Estaba dormido con los brazos cruzados sobre la cama y la cabeza apoyada en ellos..."
En esa postura ya es complicado sujetarle la mano, pero que ella se emocione porque ve que tiene vello en el pecho por la camisa entreabierta es de contorsionista del Circo del Sol. 

[Fin de los spoilers]

Cerré el libro y dije: Hasta aquí.

El segundo es más reciente y ha sido una profunda decepción porque lo empecé con muchísimas ganas. De nuevo es una lectura del club y, además, un superventas, que según la editorial "Ya a cautivado a más de un millón de lectoras en Alemania". Sí, hablo de La villa de las telas, de Anne Jacobs. 



Qué pena, qué pena y qué pena. Llevo más de trescientas páginas leídas y tengo la sensación de que no-pasa-nada. La ambientación es perfecta, la narración fluida, se retrata la época con cariño y esmero, pero parece más una novela costumbrista que otra cosa. Y que conste que no tengo nada en contra de eso, pero me aburre. No se centra ni profundiza en ningún personaje (al margen de que la sinopsis te lo venda como la historia de Marie) y no he encontrado ningún punto interesante que me enganche a la trama. Si al menos el trasfondo histórico hubiera salido más a la luz —la época en la que trascurre es interesante y esa fue una de las cosas que me hizo comprarla—, pero nada. Quizá en un futuro continúe, pero la verdad es que lleva demasiados días cerrado viajando desde la mesita de noche a la del comedor mientras busco el momento propicio para que me den ganas de abrirlo de nuevo (y no ocurre, ¡mecachis!).

Y eso es todo.
Os seguiré contando.

Y ojito, que nadie se lo tome a mal, que esta no es una cruzada contra los libros, solo la opinión de una persona con sus exigencias y manías.