22/1/18

El peligro de los autores que recomiendan autores.

Quiero que quede claro que el enunciado de la entrada no es una trampa. Leer y contarlo, expresar una opinión, no es algo restringido a blogueros y lectores. Al contrario, es un derecho que tiene todo el mundo que abre las páginas de un libro. En el momento en que algo es público puede ser objeto de críticas y alabanzas. Pero ojo, no solo las novelas, también los blogs son susceptibles de ser analizados, aunque de eso ya hablaremos en otra ocasión. 

Lo que voy a decir ahora puede levantar ampollas, pero, por favor, dejadme que lo suelte de golpe, que después ya lo explicaré (y daré mis razones) paso por paso.

Salvo que el escritor este muerto (hablo de los clásicos, claro), estés muy convencido de la calidad de alguien, o te ha haya gustado mucho, muchísimo (pero muchísimo) un determinado trabajo. Autor, no le des coba a tus colegas. Aunque no lo creas, a la larga es contraproducente para tu imagen y tu trabajo (y también para el suyo).

Por los motivos que explicaré a continuación, hablar de un escritor muerto no debería de ser un problema, y tampoco lo es contarle al mundo la calidad de determinado escritor (es bueno de verdad, quién va a discutírtelo), pero adular por adular tiene sus peligros.

No hay nada peor que un autor que recomienda a un colega solo por aumentar su visibilidad o generar seguidores. Pero el colmo es cuando además lo hace sin estar seguro al cien por cien de que lo que recomienda es bueno.
Lo primero, lee su libro, no hables por hablar.

Estoy cansada de verlo en las redes... Un favorcito convertido en comentario o reseña cuando alguien publica un libro supone el inicio de un intercambio de empujones (en el buen sentido). Hoy te ayudo yo, mañana me tocará a mi, pero autor, no te equivoques, tienes que darlos cuando sean de verdad, porque no solo estás engañando (reconoce que un poquito) a tus seguidores —les cuentas milongas de algo que no es—, sino que con el tiempo minarás tu credibilidad porque llegará un punto que el lector, que no tiene un pelo de tonto, pensará que este ambiente brilla gracias al colegueo. Y entonces, no solo su trabajo (ese que has ensalzado cuando no debías) quedará en entredicho; con el tiempo los lectores dudarán también del tuyo. 

A tu colega tampoco le ayudarás a largo plazo, porque el azúcar que hoy le das disfraza el mal sabor, pero el día que alguien le diga eso que nadie quiere oír, el disgusto va a ser morrocotudo. Y no queremos eso, ¿verdad?

Y, ojito, que tampoco ir de legal poniendo todos los puntos sobre las ies es genial. Será honesto, pero hay que llevar cuidado con ello (hay muchas formas de decir las cosas, eso también es verdad). Si das por malo el trabajo de otro escritor te lloverán zancadillas de tu colega y de sus palmeros (qué le vamos a hacer, este mundillo es a veces un patio de colegio). Colgarán en Facebook un post victimista y en los comentarios serás objeto de burlas, insultos y menosprecios. Y eso para tu trabajo... Tampoco es bueno.

Moraleja: Autor, ve a lo tuyo y escribe. Y si quieres valorar, hazlo con aquello de lo que estés muy seguro (o de los muertos, acuérdate de ellos), no engañes a tus lectores y tampoco te hagas la víctima. Y, si de verdad quieres ayudar a un colega y tienes experiencia, empieza a mejorar su trabajo desde la base: sé su lector cero. Aunque no lo creas estás muy capacitado, buscas errores e incongruencias como si fueras un maníaco, analizas las historias no solo por la trama, sino por cómo está estructurada, y también valoras cosas como el ritmo o la intensidad de las palabras. Manejas las tijeras como nadie (con aquello que es gratuito de más) y eres capaz de corregir lo que todavía no son vicios narrativos. Por todo eso ya has pasado tú con cada novela que has publicado, por eso lo sabes.
Resumiendo: ves errores que al lector medio se le escapan.  Si quieres ayudarle, no le des palmaditas por un trabajo hecho a medias, sino pon los medios para que crezca.

Y de las zancadillas... Mejor no hablamos, que hoy estoy de buen humor y no me apetece.



16/1/18

Feminismo, lector hipersensible, autocensura y otras cosas.

Este final de 2017 se ha hablado mucho de sí las novelas románticas deben de transmitir un mensaje educador de un amor sano o se les permite todo porque son ficción (y morbo), sí los personajes machistas se admiten en la histórica y no en la contemporánea y si las mujeres tenemos que empezar a no dar por buenos todos esos detalles cotidianos que se asumen, pero que nos siguen relegando a un lugar secundario en la vida.
Hay mucha tela que cortar y sería imposible llegar a todo, pero sí me gustaría tocar algunos puntos que veo confusos, no entiendo y también me sorprenden.

Las novelas románticas deben de transmitir un mensaje o se permite todo porque son ficción.
Bueno... hay que matizar un poco (o un mucho).

Sé que no lo habéis pedido y que a muchos os parecerá absurdo (porque tenéis el vuestro y ese es el que realmente vale), pero os voy a dar mi humilde punto de vista. En realidad, he aplicado una lógica aplastante y he intentando no dejarme llevar por sentimentalismos ni convicciones personales.

Si el género romántico dice ensalzar el Amor que triunfa ante la adversidad, lo que encontramos en muchas novelas de ficción romántica es la idealización de ese amor como dependencia emocional de la pareja, celos, relaciones tóxicas aceptadas, todo aquello a lo que la protagonista «renuncia» por mantener su relación... No son solo esas cuatro frases machistas que de vez en cuando aparecen en boca de protagonistas masculinos (y también femeninos), es mucho más. Y, si gritamos que en el género romántico ensalzamos el Amor, algo estamos haciendo mal. ESO no es amor. Sí, es lo que desde niños nos han inculcado, pero no nos equivoquemos, no lo es.
Con todo esto no quiero decir que esas situaciones no puedan aparecer en una novela, sino que no se deben de presentar como amor verdadero. En la ficción (y en la vida real) hay violadores, manipuladores, celosos, controladores... Los hay, es una realidad y no podemos darle la espalda, pero a estos personajes no se les pueden perdonar todos esos defectos en pro del amor. No, porque ese es el mensaje equivocado que dan muchas novelas de romántica y lo peor es que se asume sin un pestañeo porque es algo que ha ocurrido siempre. 
Me sorprende que a menudo se haga una comparativa con la novela negra argumentando que el protagonista es un asesino y sin embargo los thrillers no potencian que la gente se inicie en una carrera de violencia y crímenes. Matar está mal, la sociedad lo tiene asumido (ningunear a la mujer también, pero eso no nos extraña al verlo por escrito). Torturar, descuartizar... Los libros de novela negra lo cuentan con pelos y señales, pero el mensaje no es el mismo. Matar está mal y en pocos casos el asesino queda impune, y si su trabajo es elogiado es porque se trata de otra mente enferma. Ni menos ni más.

Así que, en las novelas todo está permitido, son ficción y así debe de ser. Sin censuras ni cortapisas, que he visto comentarios en detrimento de la libertad del autor y creo que están sacados de contexto totalmente, pero al margen de todo eso, el género romántico debería defender un mensaje subyacente, el de amar desde la igualdad, desde la libertad. Denunciando o no admitiendo esas miles de situaciones en las que la mujer adquiere un papel secundario.

Y dejemos de confundir conceptos, porque una mujer fuerte no es la que dice tacos o se comporta como un depredador sexual. No es la que impone su voluntad. Una mujer fuerte es independiente, toma sus propias decisiones y lucha por vivir en igualdad.

Centrémonos ahora en la novela romántica histórica.
Yo no veo realmente la diferencia, creo que el mensaje escondido debe de ser el mismo, sobre todo si quién firma es un escritor de hoy, otra cosa es una historia contada por un autor coetáneo de la época en cuestión. Por supuesto que, cuando retrocedemos en el tiempo, las situaciones cambian, los contextos son diferentes y, ante eso, los protagonistas de hace cien años no pueden actuar igual que el hombre de hoy (bueno al menos en cierto porcentaje, para muchos la situación no ha evolucionado). La vida de una mujer o de una persona de estatus social inferior valía muy poco, y agradezco que todo eso se plasme en la historia, pero el mensaje de amor verdadero debería de ser el mismo: Amar desde la igualdad, sin idealizar ese amor romántico de sumisión, de dependencia emocional.

Lectores hipersensibles.
Es algo que me hace mucha gracia. A todos aquellos que denunciamos ciertas actitudes se nos tacha de hipersensibilidad lectora y, en seguida, una horda de lectoras te sepulta bajo una capa de mojigatería, puritanismo y rigurosidad moral contraria a sus gustos o intereses, y, oye, cada uno tiene (o debería de tener) la posibilidad de hablar sin miedo y de denunciar aquello que no ve correcto, solo así se establecerá un debate sano entre todas las partes. Solo así creceremos como personas. Yo no me considero un lector hipersensible, leo de todo, pero seguro que muchas de las que me estáis leyendo, por no ver las cosas como yo, pensáis que estoy sacando el pie del tiesto. No es la primera vez que me dicen cosas como «Si no te gusta, solo tienes que dejarlo y leer otra cosa»,  «Infórmate mejor antes de empezar un libro» o incluso «Es ficción, deberías de saberlo». Qué bonito. Qué salida más fácil. Yo quiero, como lector, poder expresar mi opinión y si es razonada (cosa que normalmente intento), que sea respetada como la de cualquier otro. 

Autocensura.
Con esto termino por hoy y, además, lo haré rápido y con una petición: Autor, no te autocensures, yo solo te pido que seas coherente.









12/12/17

[+de20] Hablamos de lecturas con Lidia, del blog Cielos de papel.

Hoy tenemos en el blog a una de esas lectoras que, aunque solo (¿solo?) lleve unos ocho años leyendo Romántica, tiene una extensa trayectoria y registro —requisito indispensable para estar en esta sección—, con todo tipo de lecturas. Y esa experiencia, esa diversidad, hoy me viene muy bien, porque quiero saber cómo se ve el género desde el punto de vista de un lector que también consume otras literaturas. 


Hace unos años, la Romántica (que ya era un género fuerte en ventas y repercusión, pero que en su mayoría venía de fuera) se propagó como la espuma en el mercado español. Aparecieron nuevas editoriales, la masa lectora se disparó y comenzó a presentarse una oferta seria de lecturas made in Spain. Pero, desde hace unos meses, tengo la impresión de que hay cierto descontrol: una masificación de publicaciones que va en detrimento de la selección que llega al mercado, campañas publicitarias muy directas que acosan al lector, concursos que quedan desiertos, lectores que han perdido la ilusión y se quejan de la repetición de historias y de la falta de calidad... De ser todo muy happy, hemos pasado a hacer equilibrios y a preguntarnos qué sucede.
Parece que hemos alcanzado un punto de inflexión y que toca mirar al futuro y renovarse y, para hacer un poco de análisis sobre este tema, no he encontrado a nadie mejor: una mujer observadora e incisiva; comprometida y sincera; alguien con ideales e ideas muy claras que no tiene miedo ni vergüenza de expresar lo que piensa. Con ella desgranaremos los síntomas y veremos a dónde podemos (y queremos) llegar. 

Aunque muchos seguro que la conocéis, a los que no, os presento a Lidia del blog Cielos de papel.
(Por cierto, si nunca os lo habéis encontrado ya estáis tardando en visitarlo).


eMe - Hola, Lidia. Lo primero muchísimas gracias por haber dicho que sí. Estoy encantada de tenerte en el blog, presiento que vamos a tener una gran conversación. 
Empezamos. 

Lees Romántica, sobre todo contemporánea y actual, y mucha narrativa sentimental. Es cierto que el mercado anglosajón y el americano nos llevan ventaja, pero, de manera general, ¿encuentras estilos muy distintos entre lo que se hace en España y lo que viene de fuera? ¿Importamos ideas? ¿Nos dejamos influir o hemos desarrollado una personalidad propia?

Lidia - Ante todo, muchas gracias por invitarme a esta charla, es un placer estar aquí. 
Sobre tu pregunta, diría que se ha importando incluso un género —como es el New Adult— y que es raro encontrar novela romántica nacional con originalidad o personalidad propia. Son pocas las autoras que apuestan por intentar hacer algo diferente (cambiar los escenarios, centrarse menos en las características físicas o sexuales de los protagonistas y dotarlos de mayor complejidad o personalidad, etc…). Y ya no es solo que sea diferente, sino que funcione bien o que guste a las lectoras, tan acostumbradas a ciertos clichés del género. Así que, diría que todavía queda mucho por explorar y por hacer. 

eMe - Hemos pasado de tener muy poco producto nacional, (hace algunos años prácticamente las listas de ventas eran todas de lengua inglesa traducidas a nuestro idioma), a que en el mercado haya muchos títulos de autoras de aquí. No vamos a analizar qué factores han propiciado ese fenómeno, pero sí si hay un buen nivel o todavía tenemos mucho que aprender frente a lo que nos llega de fuera. ¿Crees que vamos por buen camino o hay que profesionalizar más el sector? 

Lidia - En los últimos años el mercado, el número de autoras de romántica —son muy pocos los hombres que se atreven o se encuentran cómodos con este género, incluidos los lectores— ha crecido exponencialmente en nuestro país. Es tan obvio que solo hay que asomarse a las editoriales o al gigante amazon. No tengo claro que vayamos por el buen camino cuando existe una saturación del mercado. Ese tipo de saturación que se tiene como escaparate en eventos de romántica a los que suben a una autora a una mesa y confiesa que empezó a escribir durante una baja médica o porque se aburría en casa y decidió probar.  O las que alardean de no preocuparse por documentar su novela, porque a sus lectoras no les importa y tampoco influye en el desarrollo de la trama. Lo que quiero decir es que mires donde mires cualquiera puede publicar y quejarse de que no vende lo suficiente. Y dentro de esa masificación hay material bueno, pero invisible entre tanta morralla. Ojalá se pudiera profesionalizar el sector, pero hablamos de un género donde las ventas mandan, las listas, las redes sociales, las lectoras con gustos absolutamente dispares  y, si me apuras, carente la mayoría de las veces de un criterio de valoración que vaya más allá del simple entretenimiento. No creo que sea necesario aprender de lo que viene de fuera, sino mejorar lo que hay dentro.

eMe- Hablemos de temas, personajes e ideas

Creo que estaremos de acuerdo en que los lectores de Romántica son devoradores compulsivos de historias. La mayoría de los que conozco asiduos al género, leen, leen mucho, y a veces me sorprende que el abuso de los clichés, la repetición de temas y de prototipos de personajes, no terminen por aburrirles. ¿Crees que transigen más que otros en ese sentido?

Lidia - No es solo que transijan. Es que, en algunos casos, solo buscan eso. Muchas lectoras admiten leer solo romántica porque quieren evadirse de los problemas, porque quieren lecturas sencillas o lecturas kleenex de usar y tirar. Van de unas a otras sin que les deje huella. Por eso se publica y vende tanto, porque hay lectoras que no esperan nada más allá de pasar el rato.
El problema lo tienen las lectoras que leen romántica y puntualmente otros géneros o que leyendo solo romántica sí esperan un mínimo de cuidado y de calidad en lo que compran. Una visión más amplia de la literatura te hace ser más exigente con tus lecturas y también es más fácil detectar las carencias de la publicación masiva (construcción de frases, repeticiones, ortografía…) Creo que se pierde cierto sentido crítico y que, a la hora de puntuar o premiar  las lecturas románticas, las lectoras valoran una novela por cómo las han vivido, dejando a un lado el resto. A veces solo necesitan que les enganche aunque reconozcan que la lectura no ha cumplido con las expectativas o que su contenido era malo.

Ilustración de Oriol Malet.


eMe - Otro tema que me llama la atención y del que se habla, a veces en voz demasiado baja, es de las relaciones tóxicas que surgen en algunas historias, sobre todo en géneros como el New Adult, en principio destinados a un público más joven. Me refiero sobre todo al macho alfa celoso y controlador que lleva el peso de la historia, acompañado de una joven indefensa e insegura que no duda en acatar sus decisiones. Algunas lectoras lo aplauden porque, como las reglas del género obligan al happy end, al final el protagonista se redime.
Personalmente a mi no me gusta que se utilice ese prototipo de personaje tal cual y no porque no existan, ni porque como es ficción todo vale, sino porque en la vida real es difícil que esas historias tengan un final feliz. No hay redención, las mentalidades no cambian, y esos celos infundados, ese maltrato verbal o, en algunos casos, el sexo no consentido, no deberían de perdonarse tan a la ligera. ¿Cómo ves tú este tema? Dirías, como otras lectoras, que es «solo ficción» y que es válido usar cualquier cosa para hacer «explotar» las emociones del lector o piensas que el mensaje que se da es equivocado.

Lidia - Me he pronunciado varias veces sobre este tema porque, mientras hay lectoras que lo ven exagerado, a mí sí me preocupa. Me preocupa porque antes, cuando tenías quince o dieciséis años, ibas a comprar un libro y tenías que pedir el dinero y dejarlo en la estantería a la vista de todos en casa. Ahora no existe ningún control, todo está a un clic. Cincuenta sombras de Grey está a un clic (¡y en el cine!). After está a un clic. Y ninguna editorial se plantea si lo que publica tiene un mensaje adecuado para el público al que va dirigido (ni que decir tiene que muchos libros inadecuados están en las estanterías incorrectas). La editorial solo piensa en términos de contabilidad: ganancias y pérdidas.
Podría soltar todo un discurso sobre la normalización de las actitudes machistas en la novela romántica y la necesidad de una revisión de los roles románticos, pero entonces no acabaría. Lo que sí puedo decir es que, a veces, hay que poner el foco en el problema para que las mujeres, con independencia de la edad, sean capaces de detectar los perfiles y criticar esas conductas. Decir que es solo ficción es el argumento más fácil para no hacer nada y seguir normalizando las relaciones tóxicas. Tanto es así que, la mayoría, las pasan por alto.

eMe - Todos los meses se presentan un buen puñado de novedades (lo de puñado es el eufemismo del año, son una barbaridad), pero a pesar de esa masificación, me encuentro con lectoras aquejadas de «crisis lectora» que piden sugerencias en las redes. Por una parte me extraña; seguro que entre tanto libro debe de haber para todos los gustos, pero por otro lado lo entiendo; aunque hay muchos, solo consiguen abrirse paso unos pocos. La verdad es que en los blogs de referencia solo se reseñan y publicitan determinadas novedades y el resto queda un tanto relegado. ¿Crees que el sistema, que poco a poco se ha ido propagando, de envío de ejemplares por parte de las editoriales puede llegar a influir tanto como para que solo veamos determinadas novelas y no haya diversidad de información? 

Lidia - Creo que, cuando se habla de crisis lectoras o de expectativas, se llega a esa situación por tres cosas: primero, porque como he dicho antes, ahora publica cualquiera sin apenas filtros, y es difícil encontrar algo destacable entre tanta oferta; segundo, porque la mayoría de los lectores no quieren salir de su zona de confort así que, en lugar de probar con otra cosa diferente, persisten y se empeñan en leer novedades en busca de la novela; y por último, porque ya sabemos cómo está funcionando el negocio editorial y de autopublicados en los últimos tiempos. Se buscan blogs e instagramer con seguidores y se compra su opinión con ejemplares gratis (y más detalles que prefiero no contar para evitar cabrear a quienes están leyendo esto y no saben hasta qué punto se ha corrompido el sistema). Sí, he dicho comprar y no, no voy a retirarlo ni a suavizarlo. Pero la culpa no la tiene el sistema. No toda. ¿Que las editoriales inundan los blogs y éstos a su vez las redes durante un mes con el mismo libro? ¿Que muchas autoras se dedican a publicitar su novela como una maravilla de la literatura y a mover sus contactos en torno a ella? Pues claro. Pero ahí está el lector para que no se la den con queso. Ahí está la credibilidad. A un lector con criterio lo puedes engañar una vez o dos, pero si a la tercera pica, es que está leyendo justo lo que busca aunque luego lo critique o diga que no era lo que esperaba. Si seguís a gente que vende humo, tendréis justo eso.




«Si seguís a gente que vende humo, 
tendréis justo eso».





eMe- Sigamos hablando de blogs; es momento de hacer autocrítica. Buena parte, por no decir casi todos, los blogueros del género romántico somos amateurs y en el mundillo encuentras de todo, desde gente que se lo curra y hace buenos análisis de lo que lee, hasta reseñas que son un copia y pega de la sinopsis de la novela. Como tú lees otros géneros y sé que buscas información y sigues a otros blogs que no reseñan solo Romántica, ¿qué has encontrado? ¿Pasa lo mismo o hay gente más «profesional»? 

Lidia - Te lo voy a decir muy claramente: hay gente que es la hostia, que tiene blogs con un contenido increíble: serio, cuidado, analítico, completo y que no colabora con editoriales.  También te diré más: esa gente no lee ni reseña romántica. Por favor, si alguien va a decir que lo que pasa en la romántica con los blogs pasa con otros géneros que me ponga enlaces, que me deje ejemplos, que me lo enseñe porque he llegado a pensar que es una leyenda urbana. Parte de la imagen frívola y poco seria del género también la transmiten los blogs que lo reseñan (comentarios de cuatro párrafos a los que llaman reseñas, faltas de ortografía, publicidad sin contenido…). Son todos iguales, todos se copian unos a otros y todos tienen algún interés detrás: publicidad, visitas, arrimarse a la autora de moda, ampliar el negocio para sacar dinero, etc… Muy pocos blogs de romántica compran libros o reseñan sin esperar nada a cambio. Así que, cuando buceas por la red, encuentras blogs de otros géneros que están ahí por amor a la literatura, a los autores que leen y que son muy respetuosos con sus seguidores. La calidad y el contenido de los blogs que colaboran con editoriales y autores dejan, bajo mi punto de vista y salvo contadísimas excepciones, mucho que desear.

eMe - A menudo, cuando critican el género desde otros ámbitos, pienso que muchos lo hacen influenciados por lo que se ve en la superficie, que no se han molestado en investigar, pero entiendo que la imagen que se da no siempre es una buena muestra de la seriedad y la profesionalidad de autores, editores, críticos... e incluso lectores. Considero que sí hay literatura romántica de calidad, pero que se promueve lo comercial, lo que puede llegar a ser superventas. ¿Qué crees que puede faltarle (o sobrarle) a la imagen que proyecta el género para que llegue a más lectores? ¿Qué consideras que debería cambiar para que la gente se enganche a la Romántica?

Lidia - Al género le sobra amiguismo y le falta calidad, seriedad y autocrítica. Le sobra marketing mal enfocado, porque por muy bien que me pueda caer una autora como persona en las redes sociales, eso no puede hacer que pierda la visión crítica de lo que está publicando. Al género, y con esto me la estoy jugando una vez más, le sobra autoras mediocres que están publicando creyéndose la última Nora Roberts o Susan Elizabeth Phillips porque se han hecho con un club de fans y palmeras que ensalza su obra. Las redes sociales son un arma de doble filo y lo mismo te sirve para vender tu obra que para evidenciar todo el peloteo que se genera en torno a tal o cual editorial o autora. El día que las autoras dejen de lanzarse pullas en las redes sociales, de quejarse, de aceptar ciertos chantajes, de compartir top less de hombres como efecto llamada, a lo mejor vuelvo a creer en la dignidad del género. 

eMe - Y por último, aunque me da pena terminar, quiero que imagines que eres un editor que busca abrir mercado y que nos recomiendes alguna lectura de esas que traspasan las barreras del género y que podrían interesar a esos lectores que ven la etiqueta «Romántica» y miran hacia otro lado o para esa gente que no conoce el género y se quiere iniciar en él.

Lidia – Si me hubieras hecho esta misma propuesta hace un año te habría dejado una lista de, al menos, diez autoras españolas que merece la pena leer. Pero 2017 ha sido un año marcado por las decepciones y me he cansado de publicitar a muchas de ellas e incluso he dejado de leerlas por todo lo que hemos comentado más arriba. Muchas de esas autoras ya tienen quienes le bailen suficientemente el agua y también saben cómo compensárselo. Habrán ganado más lectoras, pero han perdido a una (que tampoco es ninguna tragedia, obviamente). Y si mencionara al resto aquí, podrían decir que detrás de tal o cual recomendación se esconde el amiguismo. Las recomendaciones he acabado haciéndolas en privado, porque es mi credibilidad lo que está en juego. Así que solo voy a decir una cosa: la buena novela romántica está ahí fuera y no siempre es la que está presente en todos los blogs colaboradores. Confío en que el lector sea lo suficientemente hábil como para valorarla.
eMe- Muchísimas gracias, Lidia. Es un placer tenerte de visita en el blog.
Cuando quieras, ya sabes que aquí tienes tu casa.
Un abrazo.

Lidia -Muchas gracias a ti por haberme dejado este rincón de tu casa para charlar de un género que nos apasiona. Un beso.


No hay nada que añadir. Solo deciros que es una entrada para leer despacio, meditarla y sacar nuestras propias conclusiones.
Espero vuestros (respetuosos) comentarios. No tengo puesta la moderación, pero cualquier salida de tono la borraré sin remordimientos.