14/2/18

Fin de semana negro. La romántica en el punto de mira.

¿Hace falta un escándalo para que la gente salga del calor del hogar? Eso parece. Aunque a veces no es necesario, muchos están a la espera de cualquier noticia para soltarnos su punto de vista, acertado o no, documentado o no, al hilo del tema o para hablarnos de sus cosas.
Ese es el poder de las redes. Con criterio o sin él, todos podemos hablar.

Han ocurrido muchas cosas este fin de semana pasado —creo que todos sabéis de lo que hablo sin necesidad de decir más que una palabra: plagio— y he asistido desde mi sillón a un sin fin de opiniones: he visto gente sorprendida, otros que ya lo vaticinaban, muchos criticando el sistema... En este país somos de hablar. Aunque, de verdad, espero que esta vez no se quede en el cotilleo y esos días burbujeantes de carnaza fresca. Esta vez espero que suponga, al menos, un punto de inflexión en todo esto que nos rodea. Hablo de autocrítica; nos hace mucha falta. El caso Hoff-Carter se lo dejo a los tribunales (si es que existe una denuncia real), ellos que investiguen, que lleguen al final del asunto y dictaminen. No es mi guerra, no soy periodista de investigación y no voy a hablar aquí de cosas que conozco por terceros, solo podría conseguir que el bulo fuera más grande. Únicamente pretendo que pienses en cómo se ha llegado a esto y qué consecuencias tendrá. 

¿Imagináis el daño que le hará a la autoedición? ¿Al género? ¿A todos los autores que intentan abrirse paso para que se conozca su obra? En este país somos de señalar, tenemos que reconocerlo; parece que hay un placer insano en mostrar los defectos de los demás y algo así solo genera desconfianza. Ahí fuera deben de estar frotándose las manos: la "Romántica" otra vez en el punto de mira. Ese género que tanto nos gusta de nuevo chapoteando en el barro. Pero no es solo eso, no es solo un escándalo como el que ha ocurrido lo que nos debe hacer pensar si el camino es correcto, también deberíamos analizar todas aquellas pequeñas cosas que se hacen a diario y que contribuyen a robarle la credibilidad a una industria que todavía es fuerte. Y no, no te excuses diciendo que tú no, lo peor es que, en mayor o menor medida, casi "todos" estamos implicados en el descrédito del género. Y digo implicados porque sí, lo estamos, aunque sea por callarte cuando deberías de hablar.

Este artículo va a ser así de corto, porque mi única pretensión es que te pares y pienses si realmente amas los libros y la literatura romántica. Porque, si es así, no busques tu minuto de gloria a costa del resto. Lee, no te vendas ni compres la opinión de los demás, no te aproveches del éxito del vecino. Y sobre todo, busca la verdad, no mientas, no hagas trampas, aunque sean tan tontas como ponerle cinco estrellas a un amigo sin leer su libro.  A la larga irá en contra nuestra.
Sensatez, honestidad... ¿Es mucho pedir?

Debo de ser así de tonta, pero aún creo que esto puede cambiar.




22/1/18

El peligro de los autores que recomiendan autores.

Quiero que quede claro que el enunciado de la entrada no es una trampa. Leer y contarlo, expresar una opinión, no es algo restringido a blogueros y lectores. Al contrario, es un derecho que tiene todo el mundo que abre las páginas de un libro. En el momento en que algo es público puede ser objeto de críticas y alabanzas. Pero ojo, no solo las novelas, también los blogs son susceptibles de ser analizados, aunque de eso ya hablaremos en otra ocasión. 

Lo que voy a decir ahora puede levantar ampollas, pero, por favor, dejadme que lo suelte de golpe, que después ya lo explicaré (y daré mis razones) paso por paso.

Salvo que el escritor este muerto (hablo de los clásicos, claro), estés muy convencido de la calidad de alguien, o te ha haya gustado mucho, muchísimo (pero muchísimo) un determinado trabajo. Autor, no le des coba a tus colegas. Aunque no lo creas, a la larga es contraproducente para tu imagen y tu trabajo (y también para el suyo).

Por los motivos que explicaré a continuación, hablar de un escritor muerto no debería de ser un problema, y tampoco lo es contarle al mundo la calidad de determinado escritor (es bueno de verdad, quién va a discutírtelo), pero adular por adular tiene sus peligros.

No hay nada peor que un autor que recomienda a un colega solo por aumentar su visibilidad o generar seguidores. Pero el colmo es cuando además lo hace sin estar seguro al cien por cien de que lo que recomienda es bueno.
Lo primero, lee su libro, no hables por hablar.

Estoy cansada de verlo en las redes... Un favorcito convertido en comentario o reseña cuando alguien publica un libro supone el inicio de un intercambio de empujones (en el buen sentido). Hoy te ayudo yo, mañana me tocará a mi, pero autor, no te equivoques, tienes que darlos cuando sean de verdad, porque no solo estás engañando (reconoce que un poquito) a tus seguidores —les cuentas milongas de algo que no es—, sino que con el tiempo minarás tu credibilidad porque llegará un punto que el lector, que no tiene un pelo de tonto, pensará que este ambiente brilla gracias al colegueo. Y entonces, no solo su trabajo (ese que has ensalzado cuando no debías) quedará en entredicho; con el tiempo los lectores dudarán también del tuyo. 

A tu colega tampoco le ayudarás a largo plazo, porque el azúcar que hoy le das disfraza el mal sabor, pero el día que alguien le diga eso que nadie quiere oír, el disgusto va a ser morrocotudo. Y no queremos eso, ¿verdad?

Y, ojito, que tampoco ir de legal poniendo todos los puntos sobre las ies es genial. Será honesto, pero hay que llevar cuidado con ello (hay muchas formas de decir las cosas, eso también es verdad). Si das por malo el trabajo de otro escritor te lloverán zancadillas de tu colega y de sus palmeros (qué le vamos a hacer, este mundillo es a veces un patio de colegio). Colgarán en Facebook un post victimista y en los comentarios serás objeto de burlas, insultos y menosprecios. Y eso para tu trabajo... Tampoco es bueno.

Moraleja: Autor, ve a lo tuyo y escribe. Y si quieres valorar, hazlo con aquello de lo que estés muy seguro (o de los muertos, acuérdate de ellos), no engañes a tus lectores y tampoco te hagas la víctima. Y, si de verdad quieres ayudar a un colega y tienes experiencia, empieza a mejorar su trabajo desde la base: sé su lector cero. Aunque no lo creas estás muy capacitado, buscas errores e incongruencias como si fueras un maníaco, analizas las historias no solo por la trama, sino por cómo está estructurada, y también valoras cosas como el ritmo o la intensidad de las palabras. Manejas las tijeras como nadie (con aquello que es gratuito de más) y eres capaz de corregir lo que todavía no son vicios narrativos. Por todo eso ya has pasado tú con cada novela que has publicado, por eso lo sabes.
Resumiendo: ves errores que al lector medio se le escapan.  Si quieres ayudarle, no le des palmaditas por un trabajo hecho a medias, sino pon los medios para que crezca.

Y de las zancadillas... Mejor no hablamos, que hoy estoy de buen humor y no me apetece.



16/1/18

Feminismo, lector hipersensible, autocensura y otras cosas.

Este final de 2017 se ha hablado mucho de sí las novelas románticas deben de transmitir un mensaje educador de un amor sano o se les permite todo porque son ficción (y morbo), sí los personajes machistas se admiten en la histórica y no en la contemporánea y si las mujeres tenemos que empezar a no dar por buenos todos esos detalles cotidianos que se asumen, pero que nos siguen relegando a un lugar secundario en la vida.
Hay mucha tela que cortar y sería imposible llegar a todo, pero sí me gustaría tocar algunos puntos que veo confusos, no entiendo y también me sorprenden.

Las novelas románticas deben de transmitir un mensaje o se permite todo porque son ficción.
Bueno... hay que matizar un poco (o un mucho).

Sé que no lo habéis pedido y que a muchos os parecerá absurdo (porque tenéis el vuestro y ese es el que realmente vale), pero os voy a dar mi humilde punto de vista. En realidad, he aplicado una lógica aplastante y he intentando no dejarme llevar por sentimentalismos ni convicciones personales.

Si el género romántico dice ensalzar el Amor que triunfa ante la adversidad, lo que encontramos en muchas novelas de ficción romántica es la idealización de ese amor como dependencia emocional de la pareja, celos, relaciones tóxicas aceptadas, todo aquello a lo que la protagonista «renuncia» por mantener su relación... No son solo esas cuatro frases machistas que de vez en cuando aparecen en boca de protagonistas masculinos (y también femeninos), es mucho más. Y, si gritamos que en el género romántico ensalzamos el Amor, algo estamos haciendo mal. ESO no es amor. Sí, es lo que desde niños nos han inculcado, pero no nos equivoquemos, no lo es.
Con todo esto no quiero decir que esas situaciones no puedan aparecer en una novela, sino que no se deben de presentar como amor verdadero. En la ficción (y en la vida real) hay violadores, manipuladores, celosos, controladores... Los hay, es una realidad y no podemos darle la espalda, pero a estos personajes no se les pueden perdonar todos esos defectos en pro del amor. No, porque ese es el mensaje equivocado que dan muchas novelas de romántica y lo peor es que se asume sin un pestañeo porque es algo que ha ocurrido siempre. 
Me sorprende que a menudo se haga una comparativa con la novela negra argumentando que el protagonista es un asesino y sin embargo los thrillers no potencian que la gente se inicie en una carrera de violencia y crímenes. Matar está mal, la sociedad lo tiene asumido (ningunear a la mujer también, pero eso no nos extraña al verlo por escrito). Torturar, descuartizar... Los libros de novela negra lo cuentan con pelos y señales, pero el mensaje no es el mismo. Matar está mal y en pocos casos el asesino queda impune, y si su trabajo es elogiado es porque se trata de otra mente enferma. Ni menos ni más.

Así que, en las novelas todo está permitido, son ficción y así debe de ser. Sin censuras ni cortapisas, que he visto comentarios en detrimento de la libertad del autor y creo que están sacados de contexto totalmente, pero al margen de todo eso, el género romántico debería defender un mensaje subyacente, el de amar desde la igualdad, desde la libertad. Denunciando o no admitiendo esas miles de situaciones en las que la mujer adquiere un papel secundario.

Y dejemos de confundir conceptos, porque una mujer fuerte no es la que dice tacos o se comporta como un depredador sexual. No es la que impone su voluntad. Una mujer fuerte es independiente, toma sus propias decisiones y lucha por vivir en igualdad.

Centrémonos ahora en la novela romántica histórica.
Yo no veo realmente la diferencia, creo que el mensaje escondido debe de ser el mismo, sobre todo si quién firma es un escritor de hoy, otra cosa es una historia contada por un autor coetáneo de la época en cuestión. Por supuesto que, cuando retrocedemos en el tiempo, las situaciones cambian, los contextos son diferentes y, ante eso, los protagonistas de hace cien años no pueden actuar igual que el hombre de hoy (bueno al menos en cierto porcentaje, para muchos la situación no ha evolucionado). La vida de una mujer o de una persona de estatus social inferior valía muy poco, y agradezco que todo eso se plasme en la historia, pero el mensaje de amor verdadero debería de ser el mismo: Amar desde la igualdad, sin idealizar ese amor romántico de sumisión, de dependencia emocional.

Lectores hipersensibles.
Es algo que me hace mucha gracia. A todos aquellos que denunciamos ciertas actitudes se nos tacha de hipersensibilidad lectora y, en seguida, una horda de lectoras te sepulta bajo una capa de mojigatería, puritanismo y rigurosidad moral contraria a sus gustos o intereses, y, oye, cada uno tiene (o debería de tener) la posibilidad de hablar sin miedo y de denunciar aquello que no ve correcto, solo así se establecerá un debate sano entre todas las partes. Solo así creceremos como personas. Yo no me considero un lector hipersensible, leo de todo, pero seguro que muchas de las que me estáis leyendo, por no ver las cosas como yo, pensáis que estoy sacando el pie del tiesto. No es la primera vez que me dicen cosas como «Si no te gusta, solo tienes que dejarlo y leer otra cosa»,  «Infórmate mejor antes de empezar un libro» o incluso «Es ficción, deberías de saberlo». Qué bonito. Qué salida más fácil. Yo quiero, como lector, poder expresar mi opinión y si es razonada (cosa que normalmente intento), que sea respetada como la de cualquier otro. 

Autocensura.
Con esto termino por hoy y, además, lo haré rápido y con una petición: Autor, no te autocensures, yo solo te pido que seas coherente.