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22/1/18

El peligro de los autores que recomiendan autores.

Quiero que quede claro que el enunciado de la entrada no es una trampa. Leer y contarlo, expresar una opinión, no es algo restringido a blogueros y lectores. Al contrario, es un derecho que tiene todo el mundo que abre las páginas de un libro. En el momento en que algo es público puede ser objeto de críticas y alabanzas. Pero ojo, no solo las novelas, también los blogs son susceptibles de ser analizados, aunque de eso ya hablaremos en otra ocasión. 

Lo que voy a decir ahora puede levantar ampollas, pero, por favor, dejadme que lo suelte de golpe, que después ya lo explicaré (y daré mis razones) paso por paso.

Salvo que el escritor este muerto (hablo de los clásicos, claro), estés muy convencido de la calidad de alguien, o te ha haya gustado mucho, muchísimo (pero muchísimo) un determinado trabajo. Autor, no le des coba a tus colegas. Aunque no lo creas, a la larga es contraproducente para tu imagen y tu trabajo (y también para el suyo).

Por los motivos que explicaré a continuación, hablar de un escritor muerto no debería de ser un problema, y tampoco lo es contarle al mundo la calidad de determinado escritor (es bueno de verdad, quién va a discutírtelo), pero adular por adular tiene sus peligros.

No hay nada peor que un autor que recomienda a un colega solo por aumentar su visibilidad o generar seguidores. Pero el colmo es cuando además lo hace sin estar seguro al cien por cien de que lo que recomienda es bueno.
Lo primero, lee su libro, no hables por hablar.

Estoy cansada de verlo en las redes... Un favorcito convertido en comentario o reseña cuando alguien publica un libro supone el inicio de un intercambio de empujones (en el buen sentido). Hoy te ayudo yo, mañana me tocará a mi, pero autor, no te equivoques, tienes que darlos cuando sean de verdad, porque no solo estás engañando (reconoce que un poquito) a tus seguidores —les cuentas milongas de algo que no es—, sino que con el tiempo minarás tu credibilidad porque llegará un punto que el lector, que no tiene un pelo de tonto, pensará que este ambiente brilla gracias al colegueo. Y entonces, no solo su trabajo (ese que has ensalzado cuando no debías) quedará en entredicho; con el tiempo los lectores dudarán también del tuyo. 

A tu colega tampoco le ayudarás a largo plazo, porque el azúcar que hoy le das disfraza el mal sabor, pero el día que alguien le diga eso que nadie quiere oír, el disgusto va a ser morrocotudo. Y no queremos eso, ¿verdad?

Y, ojito, que tampoco ir de legal poniendo todos los puntos sobre las ies es genial. Será honesto, pero hay que llevar cuidado con ello (hay muchas formas de decir las cosas, eso también es verdad). Si das por malo el trabajo de otro escritor te lloverán zancadillas de tu colega y de sus palmeros (qué le vamos a hacer, este mundillo es a veces un patio de colegio). Colgarán en Facebook un post victimista y en los comentarios serás objeto de burlas, insultos y menosprecios. Y eso para tu trabajo... Tampoco es bueno.

Moraleja: Autor, ve a lo tuyo y escribe. Y si quieres valorar, hazlo con aquello de lo que estés muy seguro (o de los muertos, acuérdate de ellos), no engañes a tus lectores y tampoco te hagas la víctima. Y, si de verdad quieres ayudar a un colega y tienes experiencia, empieza a mejorar su trabajo desde la base: sé su lector cero. Aunque no lo creas estás muy capacitado, buscas errores e incongruencias como si fueras un maníaco, analizas las historias no solo por la trama, sino por cómo está estructurada, y también valoras cosas como el ritmo o la intensidad de las palabras. Manejas las tijeras como nadie (con aquello que es gratuito de más) y eres capaz de corregir lo que todavía no son vicios narrativos. Por todo eso ya has pasado tú con cada novela que has publicado, por eso lo sabes.
Resumiendo: ves errores que al lector medio se le escapan.  Si quieres ayudarle, no le des palmaditas por un trabajo hecho a medias, sino pon los medios para que crezca.

Y de las zancadillas... Mejor no hablamos, que hoy estoy de buen humor y no me apetece.